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Carrusel de imágenesSuscríbete a este Sitio Unas cuantas verdades sobre el deseo sexual hipoactivo (DSH)
Enviado por Luis
el 12/08/2010 a las 07:41 PM
En este blog se habla bastante de deseo sexual hipoactivo (DSH), concretamente el que afecta a los maridos con una incidencia supuestamente creciente en los últimos tiempos. Y yo tengo la impresión de que hay algunas cuestiones tan obvias como relevantes que parece que o se mencionan sólo de pasada, como para que no se les haga mucho caso, o se omiten o directamente se niegan. A algunas de ellas quiero dedicar este artículo.
La propia Alejandra Godoy nos ha recordado varias veces en este blog que nadie ha podido establecer cuál es el nivel normal de deseo sexual. No existe un patrón, un estándar, una vara de medir. Entoces ¿cómo creen ustedes que se puede dictaminar si un determinado nivel de deseo sexual está por debajo de lo normal?. Sencillamente, no se puede. Si nos paramos a pensar un poco veremos que en los problemas de DSH en maridos (o en esposas), la calificación de hipoactivo se establece en relación con el nivel de deseo sexual del cónyuge. Un hombre con el mismo nivel de deseo sexual que el supuesto marido con DSH podría estar angustiado por falta de sexo si tuviera que pasar 6 meses trabajando en una plataforma petrolífera en alta mar en la que no hubiera mujeres. O podría vivir sexualmente feliz si su esposa tuviera un nivel de deseo sexual parecido al suyo. Seamos congruentes: lo que tenemos no son casos de deseo sexual hipoactivo en individuos, sino casos de desequilibrio del deseo sexual en parejas. ¿Qué les parece: matrimonios con DDS, en lugar de maridos con DSH? A lo mejor les parece una banalidad, una simple cuestión de nombres. Yo creo que es mucho más que eso: se trata de cambiar de perspectiva, de pasar de un enfoque individual a un enfoque de pareja. Se trata de asimilar que estamos ante disfunciones de pareja y no de disfunciones de individuo. Ubicar bien el problema es el primer paso para encontrarle soluciones.
“Hay un tremendo desafío en el siglo XXI. [...] El desafío no sólo consiste en mantenerse atraído con el cuerpo del otro durante años, sino disfrutar del sexo con el otro durante toda la vida”. Así dice el doctor Ricardo Capponi según lo cita Alejandra Godoy en un post publicado en este blog hace varios meses. Así que no nos engañemos: estamos hablando de una cosa realmente ardua. ¿Buen sexo dentro del matrimonio y durante toda la vida? Sí, a lo mejor se puede conseguir, pero no lo olvidemos: es un tremendo desafío y los tremendos desafíos tienen la molesta costumbre de ser difíciles de lograr. Y si no lo creen, pregunten un poco por ahí fuera. Seamos realistas. Probablemente ser capaces de reducir un poco las expectativas, el nivel de exigencia, sea un buen primer paso para enfrentar problemas de DDS en la pareja.
Tengo para mí que, cuando se trata de sexualidad, los psicólogos tienen una tendencia incurable a identificar como patológico o disfuncional todo aquello que simplemente no es conforme con sus propios prejuicios. Y como las ciencias psicológicas trabajan en un campo tan abierto a la especulación, no es difícil que encuentren la manera de darle vueltas al asunto durante décadas, sin acabar de comprender las causas ni llegar a ninguna solución. Naturalmente: lo que es normal no requiere solución. Vean un ejemplo palmario: hasta hace un par de décadas, la homosexualidad estuvo catalogada como una patología psiquiátrica. ¿Por qué? Nunca nadie dio ninguna razón. No era necesario: lo normal es la heterosexualidad, así que si uno desea a personas de su mismo sexo es que algo raro le pasa. Otro ejemplo: hasta los años 70, la incapacidad para alcanzar el orgasmo por penetración era catalogada como signo de inmadurez en la mujer. ¿Por qué? Tampoco hacía falta dar razones: la sexualidad normal era la que se orienta al coito, y si alguien se aparta de eso es que algo raro le pasa. Pues ahí va un ejemplo más: perder el interés sexual por la mujer con la que vives y a la que amas es anormal, es una disfunción. ¿Por qué? No pregunten, no es necesario dar razones: lo normal es que el amor y el sexo vayan de la mano, así que si uno no desea a la mujer que ama es que algo raro le pasa. Por ejemplo: sufre “disociación amor-sexo”. Y si no es eso, tampoco pasa nada, hay muchas más opciones: depresión, estrés, constricción afectiva, homosexualidad latente, etc., etc., etc. Seamos serios. Por ahí fuera hay legiones de maridos que suspiran por cualquier culito que no sea el de su santa esposa (por mucho que la amen y estén convencidos de que quieren envejecer con ella, y que decidan ser fieles y se esfuercen en mantener en un cierto nivel la sexualidad conyugal). Y si dejamos a un lado los prejuicios, veremos que no hay razones para suponer que esto no sea normal y natural. Es decir, que no es disfuncional en el individuo, aunque pueda estar en el origen de determinadas disfunciones de la pareja.
O, por lo menos, no hay razón para pensar que no sea así. Y es que aquí hay otra tendencia incurable de los psicólogos: confundir lo que pasa en el mundo con lo que ve en sus consultas. Los avezados psicólogos han observado dos fenómenos en las últimas décadas: a) la evolución del modelo de pareja desde el tradicional machista hacia uno mucho más igualitario, y b) un tremendo incremento de las consultas por DSH en maridos. La conclusión es clara: dentro del nuevo modelo de pareja, el hombre se siente incómodo y se propician unas condiciones que le llevan a perder el deseo sexual. Es, sin duda, la crisis actual de los hombres. Puede ser, pero hay una explicación mucho más directa. Es así de simple: la pérdida de interés sexual de los maridos es la misma, pero en la pareja tradicional machista no suponía ningún problema, o si lo era, no era visible desde fuera de la pareja y, desde luego, no para el hombre. Porque el marido tradicional machista tiene escapatorias claras al problema. La más obvia: buscar la satisfacción sexual fuera del matrimonio, contando con la casi obligada resignación de su esposa. Otra: mantenerse fiel, desahogando periódicamente sus necesidades sexuales con su esposa. ¿Cómo así, si no la desea? Es fácil: cualquier hombre sano puede perfectamente tener sexo con una mujer por la que no siente una especial atracción sexual. Para entender esto, piensen que casi todos los hombres pueden tener sexo con su mano derecha (los que no pueden se llaman zurdos). Y créanme, salvo contadísimas excepciones, el deseo sexual que un hombre siente por su mano derecha es francamente limitado. Y, si se trata de desahogar las necesidades sexuales, entre la mano derecha y la esposa, siempre será mejor la esposa. ¿Alguien se extraña de que en la pareja tradicional fueran ellas las que solían tener poco interés por el sexo? Ahora bien, ¿qué pasa cuando la esposa está en condiciones de exigir sexo de calidad? Es decir, sexo con implicación emocional, con entrega, con expresión de amor, con entusiasmo, sexo en el que ella se sienta deseada. ¡Ah ,amigo!, eso, cuando no se siente atracción sexual, sí que es un “tremendo desafío”. Y es así que los maridos con DSH de los que nos habla Alejandra Godoy suelen recurrir a la mano derecha (o a la izquierda, según sus preferencias) para el desahogo de sus necesidades sexuales. Así que para estos asuntos, más que la crisis actual de los hombres, lo que tenemos es una crisis es el modelo de pareja. Y tanto hombres como mujeres, como integrantes de la pareja que son, están sufriendo esa crisis. Tal vez la novedad es que ahora, al ser la pareja más igualitaria, a los maridos les ha tocado también su parte de sufrimiento.
Menos aún en estos tiempos en los que el modelo de pareja está en crisis. Supongamos, por ejemplo, que uno postula el modelo de la teoría triangular del amor, según el cual la intimidad sexual es uno de los tres ingredientes cruciales del amor de pareja. Y supongamos que, al mismo tiempo, uno concuerda con la opinión del Dr. Capponi en cuanto a que conseguir una buena sexualidad dentro de la pareja monógama duradera es un tremendo reto. En estas condiciones: ¿qué mensaje se le va a transmitir a una pareja con problemas de DDS? El mensaje, más o menos, es este: como pareja no van a poder funcionar en tanto no resuelvan el problema de DDS, porque sin buen sexo difícilmente puede haber amor pleno. Ahora bien, lo de llegar a tener buen sexo, ¡puf!, eso es un tremendo desafío, raro será que lo logren. No es un mensaje muy optimista, ¿verdad? Yo creo que cada pareja debe buscar su camino, que hay infinitas fórmulas, la mayoría mucho más ricas que ese escuálido modelo de la teoría triangular, y que para ayudar a orientarse a una pareja con problemas es mejor no encorsetarnos en modelos que, en el fondo, no hacen sino proyectar nuestros prejuicios.
Esta pregunta suele surgir en los comentarios de Alejandra Godoy a mis puntos de vista sobre el DSH en este blog. Es una manifestación más del desconcierto que causa este asunto. Yo, desde luego, no tengo la solución. Pero sí creo que hay cosas que es necesario transmitir claramente a las parejas con este problema. Díganles, señores terapeutas, que, aunque la pareja está enferma, seguramente ellos no lo están. Y esa es una buena noticia, porque en tanto que están sanos, si se lo proponen, pueden llegar a sanar a la pareja. Díganles que aprendan a aceptarse, cada uno a sí mismo y al otro. Que no se culpen ni a sí mismos ni al otro. Como dijo Schopenhauer, podemos elegir qué hacemos, pero no qué deseamos. No hay culpa en lo que uno desea o no desea, sino en lo que uno hace o deja de hacer. Díganles, por tanto, que piensen qué hacer. Que hablen a las claras de lo que quieren y de lo que requieren el uno del otro. Que negocien. Pero que antes valoren su relación desde todos los puntos de vista (créanme, son mucho más que tres) y que decidan si están dispuestos a seguir adelante aun a sabiendas de que en el sexo, de momento y por un plazo indeterminado, van a tener que rebajar sus expectativas. Porque también habrá que decirles que lograr una sexualidad plena dentro de la pareja, lograr “el estado en que el sexo se pone al servicio de la construcción de una relación en fidelidad con un vínculo enriquecido”, es un tremendo desafío. Psicologia Terapia Sexual | Relaciones de Pareja Relaciones de Pareja Sexualidad
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Luis
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 16/08/2010 a las 07:44 PM
Creo que hay una confusión de conceptos. Parece que tu te refieres a la disritmia y, si es así, concuerdo contigo. Nosotros nos hemos centrado en el DSH selectivo temprano (antes de los cuatro años de la relación de pareja), total (si es que tienen relaciones sexuales, no son más de dos veces al año y no le son satisfactorias) y muchas veces con características fóbico-aversivas. Saludos cordiales Ale Hablemos de PAREJA Y SEXUALIDAD: Blog de Alejandra y Antonio Godoy
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¿Disritmia?
Enviado por Luis
el 17/08/2010 a las 01:51 PM
Alejandra: aquí sería bueno que nos explicaras a los legos qué es eso de la disritmia. Si no, yo me quedo sin saber en qué concuerdas conmigo y en qué no. En cualquier caso, en todo lo humano hay grados, y si una cosa pasa después de los 4 años por unas determinadas causas, también podrá pasar antes de los 4 años por las mismas causas en determinadas personas. En tu reciente post "Te amo pero no te deseo" describes un caso tipo y son una pareja que llevan 4 años juntos y en la que el problema ha aparecido de forma progresiva. Más abajo dices literalmente que el problema se puede manifestar en matrimonios que llevan muchos años. Mira, no sé como lo ves tú, pero a mi me parece claro y meridiano que mientras no se incorpore explícitamente al análisis de este asunto el hecho, archiconocido en muchos ámbitos, de que muchos hombres tienden de forma natural a perder el interés sexual por su pareja estable (en años, en meses, depende de cada cual), los psicólogos no vais a salir de la situación de desconcierto absoluto que describen tus artículos. Te pongo un ejemplo: si lees con atención (y desprejuiciadamente) los "factores de riesgo" que describes en tu reciente post, casi todos ellos valen igual o mejor como consecuencias que como causas del problema. Toma a un hombre sensible, no machista, que se toma el matrimonio en serio y que cree que el sexo es muy importante para el amor y ponlo en la situación de que pierde el interés sexual por su esposa y verás como aparecen todos esos "factores de riesgo". Saludos 0
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Luis
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 21/08/2010 a las 07:44 PM
Disritmia se refiere a distintos niveles de deseo sexual entre los dos miembros de la pareja. Hablemos de PAREJA Y SEXUALIDAD: Blog de Alejandra y Antonio Godoy
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Gracias Alejandra
Enviado por Luis
el 24/08/2010 a las 06:17 PM
Gracias por tu aclaración, Alejandra. De todos modos, a mí me parece que te va a resultar complicada de sostener la postura en la que concuerdas con lo que yo comento en mi artículo pero consideras que no tiene nada que ver con el problema que tu llamas maridos con DSH y que, en el fondo, no es otra cosa que una disritmia que se manifiesta antes de lo que a ti te parece natural y con síntomas más agudos (producto, seguramente, de la confusión y de la frustración que puede producir en determinadas personas esa disritmia temprana).
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Apoyo ampliar perspectivas, no cambiarlas
Luis, gracias por tus observaciones, en general me gusto tu punto de vista y claridad al expresar tus ideas, escribiste muchas cosas ciertas que aun no se asumen como reales, cuando sí lo son. Aunque en relación al punto 1, creo que estas siendo drásticas, ya que si puede existir el DSH (cuando quien pierde el deseo lo pierda debido a conflictos individuales, que no provienen de la pareja aunque lamentablemente la afecten)
Según he leído en los blogs, entiendo que la calificación de hipoactivo se establece en relación con el nivel de deseo sexual del cónyuge, pero también en relación al deseo sexual propio del individuo afectado, que antes era más alto y se equilibraba mejor con su pareja ya que funcionaba bien para ambos. Por eso se entiende que hay un problema, ya que ahora hay un insatisfecho y un incapaz de satisfacer, sin embargo podría también ser normal que la libido se desequilibre en algún momento, entorpeciendo la vida de ambos, y que esto se concientice como parte de la vida en pareja, se acepte como normal y partiendo de esa premisa se busquen soluciones, como bajar expectativas.
En relación al enfoque de pareja, estoy totalmente de acuerdo, ya que si el motivo del conflicto proviene de la pareja o de uno de los individuos igualmente el tema debe ser enfrentado por ambos quienes están afectados. Por tanto sería bueno ampliar la perspectiva que dices, que pueda ser visto como un DDS o DSH (el nombre como dices es banal), producido por disfunciones de pareja Y/O disfunciones de individuo.
Solo te refuto cuando dices “Se trata de asimilar que estamos ante disfunciones de pareja y no de disfunciones de individuo”, ya que profundamente creo que pueden ser ambas (parejas con DDS) o también solo una (hombre o mujer con DSH).
Gracias, Andi
Gracias por tu amable comentario.
Tienes razón que negar así, de plano, que el DSH existe es un poco radical. Si una persona considera que tiene o está teniendo menos deseo sexual del que quisiera y de lo que le parece normal, tiene derecho a que su problema sea considerado como tal y a que los profesionales de estos asuntos traten de ayudarle. Y, sí, hay causas objetivas que pueden reducir el deseo sexual en un individo sin que su pareja tenga nada que ver en ellas.
Pero no perdamos de vista que es muy difícil, quizás imposible, establecer cuál es el nivel de deseo sexual "normal" y, por tanto, es igual de difícil establecer que un determinado nivel de deseo sexual es "hipoactivo". Creo que en la mayoría de los casos (esos que constituyen una "epidemia del S. XXI") lo único que tenemos es la posibilidad de evaluar el nivel de deseo sexual en relación con las circunstancias del individuo. Dentro de la pareja, el nivel de deseo sexual del individuo es inadecuado si no encaja bien con las expectativas de su cónyuge. Pero entonces, el deseo sexual de ninguno de los dos es adecuado en relación con el del otro, y el problema pasa a ser de la pareja.
Es verdad que, una vez desencadenado el problema, puede haber efectos de retroalimentación que lo exacerban y pueden conducir al cónyuge con menos deseo a unos extremos que quedan fuera de lo que la mayoría de las personas consideramos normal (por ejemplo, no quiere sexo nunca). Pero se llega a ese extremo como consecuencia de un problema cuyo origen está en la pareja, y será más fácil encontrar soluciones si se enfoca desde ese punto de vista.