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Mi marido no me desea, pero para él todo está bien: ¿de quién es el problema? / Deseo Sexual Hipoact

Enviado por Alejandra Godoy Haeberle el 09/12/2009 a las 11:05 AM
Alejandra Godoy Haeberle

 

Problema es…. cuando quiero solucionarlo (Álvaro Godoy H.) 

            

 

Él me ama mucho, nos llevamos muy bien y queremos pasar juntos el resto de nuestra vida, pero … Antes hacíamos el amor todos los días y a veces más, pero ahora ……. Lo tenemos todo para ser felices, somos jóvenes, nos gustan nuestros trabajos, no tenemos apuros económicos ni otro tipo de preocupaciones, podemos viajar porque todavía no tenemos hijos, pero …. Todo bien, salvo que él no me desea y que no reconoce que tiene un problema, así que no quiere ir adonde un especialista.

 

Si es la mujer quien nos viene a consultar porque considera que su pareja sufre de una seria disminución de deseo sexual: ¿de quién es el problema?  

Esta pregunta que parece tan simple implica otra serie de interrogantes muy difíciles de responder respecto al deseo sexual humano: ¿qué es lo natural, cuánto es lo normal, quién está “mal” o “equivocado”; o bien, solo son diferencias en el grado de deseo sexual? ¿Cómo saber si se trata de DSH? y, de ser así, ¿cuáles serían sus causas?. La ausencia de deseo: ¿a cuál subtipo corresponde, se presenta ante cualquier mujer y en todo momento, inclusive cuando se masturba; o bien, aparece exclusivamente ante su pareja estable? ¿Acarrea consecuencias para el hombre y/o para ella y/o para la relación?. Aunque no haya deseo: ¿es conveniente ceder y cuánto en pro del otro o de la relación?. ¿Compete solo al varón o bien éste carga el síntoma de un sistema de pareja disfuncional y/o de un sistema sociocultural “disfuncional”?

 

Al final de cuentas: ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de un problema, qué es un problema, tiene solución? Y, ¿de quién es el problema: del que consulta, de su pareja o de la relación? Más importante aún: ¿por qué él no consulta: porque NO lo vive como un problema (egosintónico) y/o cree que el problema lo tiene ella; o bien, siente que “algo anda mal” (egodistónico), pero no quiere reconocerlo ante ella? No admite que sea un problema, pero ¿SI quiere que algo cambie?. ¿Estima que su falta de deseo no afecta a la relación o teme por su futuro - justamente - si van a terapia? ¿Sospecha qué es lo que le (les) está pasando o realmente no sabe?

Y qué pasa con ella: ¿Considera que tiene la culpa y que es ella la que está fallando en algo; o bien, supone que el problema es sólo de él y que ella no ha influido ni en el desencadenamiento ni tampoco en la mantención del problema? Si fuese así: ¿está dispuesta a asistir a una terapia o solo lo haría para “ayudarlo” a él? ¿Y si es ella la que se niega a participar? ¿Se puede intervenir terapéuticamente si él o ella no asisten a las sesiones? ¿Quién es – por último - nuestro paciente: el que consulta, el que no asiste, la relación de pareja o los tres?

Las anteriores son solo algunas de las tantas complejas interrogantes cuyas respuestas, no solamente no pueden ser definitivas, sino que rebasarían los objetivos de este artículo. Cabe señalar que las dificultades asociadas al deseo sexual son uno de los dilemas más escurridizos y desafiantes para la sexología moderna, tanto respecto a su diagnóstico, etiología, terapéutica e incidencia como concerniente a su misma definición, coexistiendo diversas conceptualizaciones teóricas - con escasos datos científicos que las respalden - que generan diferentes interpretaciones acerca de la naturaleza del deseo sexual.

Una de las primeras preguntas que deberíamos contestar - en conjunto con los pacientes - es si se trata de una queja, de un problema o de una disfunción sexual. Si los inconvenientes son transientes, probablemente estemos ante una queja producto de alguna situación puntual, la cual comúnmente remite sin intervención terapéutica. Si, por el contrario, son de larga data y ambos concuerdan en que afectan a la relación, estaríamos ante un problema, dentro de los cuales el más común son aquellas discrepancias en el deseo sexual (discronaxias sexuales) que van más allá de los típicos altibajos propios de cualquier relación de largo plazo. En estos casos, podría ser recomendable una breve intervención terapéutica con la pareja. 

Finalmente, las disfunciones sexuales serían más severas, indudablemente persistentes y cumplen con criterios diagnóstico preestablecidos, requiriendo frecuentemente algún tratamiento. No obstante, nos topamos con una serie de obstáculos que dificultan este proceso diagnóstico. En general, en el ámbito de la sexualidad, como toda conducta se produce dentro de un contexto y de un continuum, es muy engorroso delimitar lo que es natural, normal o patológico, no existiendo ningún elemento aislado ni suficiente que lo defina como tal, sino que depende de la combinación de variadas condiciones de la persona y del sistema de pareja. Específicamente, concerniente al deseo sexual, dado su alta subjetividad coligada a la motivación y a otras emociones, dicha delimitación es aun más incierta y no se puede precisar un nivel universal estimado como "normal".

Si la conducta sexual humana representa una intrincada interacción entre factores biológicos, psicológicos, relacionales y socioculturales, una disfunción sería necesariamente un trastorno muy complejo y multicausado. En el caso de los desórdenes del deseo sexual, existe consenso en que su análisis y evaluación es más arduo que en las otras disfunciones, partiendo por las falencias en los criterios diagnósticos de los manuales de salud mental (DSM y CIE), cuyas imprecisiones solo permitirían un diagnóstico bastante arbitrario. Dichas falencias obstaculizan el distinguir entre una dificultad sexual menor manifestada por una persona individual como una queja y la presencia de problemas más serios asumidas como tal por la pareja.

Habitualmente, una disfunción sexual se determina de acuerdo con promedios estadísticos y evaluaciones subjetivas tanto de la persona supuestamente sintomática como de su pareja. En el DSM se define al DSH como una inhibición persistente y recurrente de la libido, ocasionando que disminuya la frecuencia de los encuentros sexuales. Empero, no se clarifica a qué se refieren con “persistente” o “recurrente” y tampoco toman en cuenta que se puede tener actividad sexual aunque no haya deseo.

En cuanto a lo subjetivo, tradicionalmente en el proceso diagnóstico se indaga si hay efectos sobre la relación de pareja y si el hombre vive su sexualidad como adecuada, suficiente y gratificante o si, por el contrario, se siente insatisfecho con su funcionamiento, quisiera tener más deseo pero no siente las ganas. En el fondo, si considera que “algo no anda bien” y quisiese que algo cambiase, entonces estaríamos ante un problema. En estos relativistas tiempos posmodernos lo “normal” o el “problema” es más provechoso que lo validen la o las personas subjetivamente, en vez de que sea una etiqueta impuesta desde afuera por un “experto”.

En aquellos casos en que el hombre insistiese en que, aunque reconoce su falta de deseo sexual, para él no es un problema y por tanto se niega a asistir a una terapia: ¿de quién es el problema?. Desde una mirada sistémica, quien se queja es quien tiene el problema y quien tendría que solucionarlo.

Ahora bien, si se ha concluido que estamos ante un problema, surge la siguiente interrogante: las dificultades sexuales son un problema de la persona individual o de la relación de pareja? Ya en los años setenta, uno de los tantos aportes de Masters y Johnson - padres de la sexología moderna - fue establecer que las disfunciones sexuales deben considerarse casi siempre como problemas de pareja.

Por último, ¿qué sucede si alguno de los dos no está dispuesto a participar en una terapia? Si consideramos que la pareja conforma un sistema, entonces cuando algo cambia en uno de sus miembros, inevitablemente influirá en el otro y, por ende, en la relación. Por lo tanto, aunque obviamente no sea la opción ideal, teóricamente es factible modificar el sistema mediante la intervención con uno solo de sus miembros.  

 

Gracias muy especiales a mi hermano Álvaro y a su artículo: ¿Tengamos un problema?

http://alvarogodoy.bligoo.com/content/view/540518/Tengamos-un-problema.html#content-top

 

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Me ha gustado, Alejandra

Enviado por el 09/12/2009 a las 07:40 PM
Luis

Me ha gustado este artículo. Creo que presenta el enfoque abierto, prudente e inclusivo que debe adoptarse en este tipo de problemas. Concuerdo con que, en sexualidad "es muy engorroso delimitar lo que es natural, normal o patológico". Y yo añadiría "maduro o inmaduro" a la lista (así, de paso, hago mención de un artículo que publiqué aquí hace una semana).

Incluso cuando se recurre a la apreciación subjetiva, creo que el diagnóstico puede llegar a ser resbaladizo: imagina a un homosexual que vive en un entorno homófobo. Probablemente desearía ser de otra manera, pero seguramente su problema no está en él sino en su entorno. Análogamente, un marido podría desear tener más interés sexual por su esposa, porque eso aliviaría los problemas que está causando en la pareja, pero no creo que eso sea un indicador claro de que "algo anda mal" en él y menos aún de que eso que "anda mal" tenga posibilidades claras de solucionarse mediante una terapia.

Por otra parte, diré también que para mí las dificultades sexuales de una pareja conviene enfocarlas, al menos en primera instancia, como dificultades de la pareja más que de uno de sus componentes o de los dos como individuos.

Alejandra, me alegro de que hayas vuelto por tu foro con este asunto.


Estimado Luis

Enviado por el 11/12/2009 a las 08:58 PM
Alejandra Godoy Haeberle

Me alegra que en este artículo haya logrado reflejar mejor mi postura ante este peliagudo tema.

 

Puede que sea acertado agregar también la difícil delimitación entre los conceptos de maduro versus inmaduro. Estas son solo algunas de las dificultades que se presentan en los tiempos posmodernos que vivimos. Eisenberg y Einstein estarían en su salsa!

 

Justamente por ello es que me centré esta vez más en la identificación de un problema que en un potencial diagnóstico de alguna disfunción propiamente tal. Un problema se podría considerar como algo perturbador surgido dentro del sistema de pareja, lo que ambos miembros lo asumen como tal en la medida en que sienten que afecta su relación y que no han logrado resolver, a pesar de que desearían poder hacerlo.

 

Mi tiempo sigue siendo muy escaso, por lo que mi participación va a seguir siendo muy limitada.

 

Un saludo cordial y Felices Fiestas!

 

Ale

 


Problematizar la relación

Enviado por el 12/12/2009 a las 01:58 PM
Alvaro Godoy

Me encanto tu artículo. Nos haces mirar hacia las bases de nuestras definiciones antes de siquiera enfrentar lo que consideramos un problema. Nos haces mirar nuestra mirada...¿Que es normal? ¿Cómo lo definimos? ¿Cuando se trata de algo circunstancial, cuando es un problema, cuando una disfunción? ¿Cuando le cambiamos de nombre a las cosas para actuar diferente sobre ellas?.

Veo que aplicas en tu artículo los avances más significativos de la biología,  la filosofía y la física moderna. El relativismo es una extraña palabra para definir un fenómeno que esta cruzando todo nuestro sistema de conocimiento (para que algo sea relativo, algo tendría que ser absoluto ¿?). "Todo lo dicho es dicho por alguien", entonces ¿quien dice que algo es un problema?

En coaching vivimos problemas similares, solo que en el ambito del trabajo. Yo soy de lo que creo que antes de empezar a hacer una intervención de coaching es necesario tener primero a un "coachee", es decir, alguien que quiera solucionar algún problema. Por eso, muchas veces antes que enfrentar el problema que definio otro (su jefe, o en tu caso la pareja), empiezo por enfrentar el quiebre que tiene mi coachee producto de que otro le estan diciendo que él "es el problema". Osea, parto por un conflicto (el problema es el otro), para llegar a definir si podemos llegar a tener un problema común.

Creo que tu artículo cuestiona las bases de algunas terapias sexuales que dan por hecho que la falta de deseo es el problema de un miembro de la pareja y comienzan la intervención por un lado bien complicado, porque de ese modo el terapeuta se hace parte del sistema convirtiendose en "el otro". Como tu bien haces ver, la propia definición de "falta de deseo" es subjetiva. El único problema que puede tener ese miembro de la pareja es que le digan que él es el problema. Y eso puede ser el comienzo no?

Gracias por tu cita, todo un honor que la menciones en tu artículo.Muchos cariños

Alvaro Godoy Haeberle


Nuestro cerebrito

Enviado por el 16/12/2009 a las 08:41 AM
Alejandra Godoy Haeberle

Muy interesante comentario y me vuelven a sorprender las similitudes de la psicoterapia con el coaching. En ambos casos, no son realizables si alguien no ha definido que tiene un problema, lo cual es más complejo en terapia de pareja y mucho más aún en él área del deseo sexual, donde muchas veces para uno de ellos “todo está bien”.

 

Quizás la salida pase por validar lo subjetivo de cada uno y delimitar aquello en que ambos estén dispuestos a un cambio para poder salvar la relación, es decir, hallar un punto común de encuentro basándose en lo afectivo. En las parejas suelen producirse tres problemas: el de ella, el de él y el de la relación. En los casos mencionados en el artículo, el problema de ella es que lo ve como un problema que amenaza el futuro de la relación; el problema de él es que ella tiene un problema que él no ve; y el de la relación es que si uno de ellos lo vive como un problema, la relación tiene un problema.  

  

La mirada de cada uno y el nombre que asignemos a lo que vemos serán ineludiblemente subjetivos de acuerdo al temperamento, personalidad, vivencias pasadas y actuales, especialmente de acuerdo a la posición en que se encuentra dentro de esta problemática. Me parece esencial que tengamos siempre en la mira que miramos desde distintas perspectivas según los sistemas a los que pertenecemos y no buscar LA verdad.

 

Estos procesos son dificultados por nuestro cerebro. Cuando le insistimos que todo es relativo, me pareciera percibir como cruje nuestra red neuronal y como queda girando en banda, ya que nuestro querido cerebrito se inclina casi automáticamente a buscar siempre lo absoluto (el cerebro nos engaña, como decía Dámaso).

 

Me alegro que te haya gustado el artículo Álvaro y gracias por tus palabras. 

 


Muchas Gracias Alejandra

Enviado por el 20/01/2010 a las 07:09 AM
Mary

Gracias,por este articulo,se que lo has escrito por las muchas parejas q estamos pasando por una situacion asi, iba a decir "problema" pero me ha dejado pensando tu articulo,si entonces es mio, hace muchos meses te escribi platicandote mi caso,2 anos y 3 meses de casada,yo tengo 28 anos el 31....y pasamos por esto,para el no es problema,no pasa nada, para mi lo es, tu me aconsejaste le pidiera una terapia en pareja, no sabes lo que paso, fue tan fuerte que era de esperarse no acepta nada,no pasa nada para el,solo la contestacion de siempre,"si eso es todo para mi",que ocupe mi tiempo en pensar otras cosas etcc....y sabes alejandra, trato de no pensar por q me lastima,pero me engano, ya han pasado 10 meses que no tenemos relaciones,ya no me siento en confianza con el,ya sabes,que si vestirme delante de el, cosas tal ves estupidas, pero ya no se que hacer,no creo que esto sea normal,un matrimonio normal,una relacion, creo q esto va afectando,y la manera mas cercana que puedo decirte que me ha afectado es que,por toda esta situacion,me ha disminuido de una manera q me entristeze mi deseo a la maternidad, es normal??

Te agradesco muchisimo el tiempo q te das al escribirnos estos temas, me ayudan mucho....!!!


Gracias a ti Mary

Enviado por el 26/01/2010 a las 11:04 PM
Alejandra Godoy Haeberle

por compartir con nosotros tu testimonio. Efectivamente son cada vez más las parejas que están pasando por esta situación. Me siguen escribiendo desde países tan disímiles como México, España, USA, Alemania, etc.

 

 

Retomando el peliagudo asunto de delimitar de quién es el problema, desde una perspectiva sistémica, bastaría con que un miembro de la pareja vivencie el área sexual como insatisfactoria o frustrante, para que implique que la relación (sistema-pareja) tiene un conflicto, el cual deberían enfrentar juntos. En caso contrario, fuera de las posibles consecuencias individuales, probablemente se esté poniendo en juego el futuro de la relación. 

 

Como actualmente se espera mucho más del matrimonio que antes, mientras más tiempo pasa, suelen surgir consecuencias negativas en ambos. Respecto a las mujeres, algunas se angustian, se desilusionan, se deprimen, pierden el deseo sexual o las ganas de tener un hijo, como te está ocurriendo a ti. Y no se debe a la simple carencia de satisfacción sexual, ya que para ello existe el válido recurso de la masturbación, sino que se trata de la distancia y de la falta de intimidad en la cotidianeidad. Duermen juntos como hermanos, pero como hermanos alejados emocionalmente.

 

Te sugiero que vuelvas a intentar seducirlo para que acudan juntos a terapia de pareja, dejándole claro que, si bien nadie tiene culpa de lo que les sucede, ambos han cooperado en su surgimiento. Generalmente los hombres con DSH no han tenido esta dificultad con parejas anteriores y NO lo vuelven a tener a futuro con otra pareja. Lo mismo vale para ellas: no han tenido antes parejas con DSH y a futuro tampoco se repite este conflicto con otro hombre. Por lo tanto, pareciera que la causal tiene que ver con el estilo de relación que ambos fueron construyendo en base a la específica combinación de temperamentos y personalidades de cada uno.   

 

Si nuevamente no logran acudir juntos, creo que sería muy necesario que tú asistieses aunque sea sola a una terapia, ya que esta puede ser enfocada como terapia unilateral del sistema-pareja o bien como una terapia individual para que tú superes tus propios síntomas y percibas otros posibles caminos a seguir.

 

Si algo no te queda claro, no dudes en volver a preguntar y les deseo lo mejor a ambos

 

Ale

 


Hola Mary...Hola Alejandra...

Enviado por el 21/02/2010 a las 11:45 AM
Liliana María Soledad  Vera Quiroz

Me parece muy interesante ..muy esclarecedor ,objetivo y ético la modo de abordar esta situación.

La intención de mi comentario es en puntualizar una de las apreciaciones de Mary cuando explica su situación ella escribe "nos amamos"...y considero que esto es vital pues aún cuando ahora ella se siente mal durante estos 10 meses en que su esposo no ha decisido ir a Terapia....su apreciación hacia ambos es de Amor....y quiza por ahi... como tu bien lo explicaste....cada pareja es distinta y su dinémica)....se pudiera encontrar la forma en que él cooperará si bien no asistiendo a las sesiones...sí permitiendo que ella lo haga (finalmente e suna forma de participación)...

Un Saludo solidario para Mary

y otro con mucho respeto y admiración para tI Laura....


Liliana

Enviado por el 21/02/2010 a las 12:39 PM
Alejandra Godoy Haeberle

Estoy muy de acuerdo contigo. Este no es una problemática de amor, sino que parece que están interviniendo otras emociones, en el sentir y en la dficultad de expresarlas.

Gracias por tus palabaras, pero..... quién es Laura?

Bienvenida

Ale 


Disculpa.......

Enviado por el 23/02/2010 a las 02:25 PM
Liliana María Soledad  Vera Quiroz

Me refería a Ti Querida Alejandra.....no sé porque escribí Laura....Quiza relacioné tus apellidos con alguna amiga mía... Sorry y Gracias por la Bienvenida

Lili


Muchas gracias

Enviado por el 10/11/2010 a las 05:28 PM
Paty

Buenas tardes Alejandra, llegué a tu página buscando referencias sobre si la terapia de pareja funciona. Te diré que el año pasado pasamos por una crisis muy interesante mi marido y yo. De la que se llegó a platicar de una separación, digo interesante porque gracias a ella pude crecer mucho y darme cuenta que no todo era mi responsabilidad, hace dos meses. La última vez que estuvimos juntos fue en agosto del año pasado (casi 15 meses) y de alguna forma yo no enfrentaba la situación por el miedo a que se enojara y se fuera. La terapia me enseñó que no era solo problema mío. Hablé con él y le propuse que fueramos a terapia, se nego, pero a los tres días accedió. Durante estas semanas, muchas cosas han cambiado en casa, todo para bien. Nos dimos cuenta de muchas cosas que veníamos arrastrando y nos hacían daño. Te puedo decir que en casi todo vamos bien. Excepto en la intimidad, aún no hay, la terapeuta le ha preguntado y él dice que porque se acuerda de cosas del pasado y se cierra. Yo estoy dejando que continuemos con la misma, no puedo negar los cambios positivos. Así que te contaré como vamos.


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