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Carrusel de imágenesSuscríbete a este Sitio Maridos con DSI: la visión de un hombre de la calle
Enviado por Luis
el 07/07/2009 a las 04:52 PM
Recientemente Alejandra Godoy ha publicado en este blog un par de artículos muy interesantes sobre inhibición del deseo sexual en hombres jóvenes. El asunto del que tratan es un aumento en los últimos años de la incidencia de DSI (Deseo Sexual Inhibido) "con la salvedad que, hoy en día sorprendentemente este se presenta principalmente en la generación que bordea los 30 años y, más inesperadamente aún, en los varones que tienen una pareja estable?" (la cursiva es mía). La sorpresa radica en que la que se consideraba típica apatía sexual de las esposas de hace algunas décadas ahora se manifiesta (o se consulta) con más frecuencia en los maridos, incluso jóvenes (lo que permitiría descartar en la mayoría de los casos problemas hormonales o fisiológicos). Yo no soy psicólogo ni terapeuta: soy un simple hombre de la calle, que, como casi todos, intenta entender la vida propia y la de los que le rodean. También he de decir que soy un hombre casado que padece falta de interés sexual por su pareja y, aunque rebaso ampliamente el rango de edad al que se refiere Alejandra, sí soy aún suficientemente joven como para descartar problemas hormonales o fisiológicos (o eso espero). Pues bien: aunque el análisis de Alejandra me parece acertado en muchos aspectos, yo no veo dónde radica tanta sorpresa inesperada. Intentaré explicarme. En palabras de la propia Alejandra, el problema al que me refiero puede describirse así: "En el caso de los varones de 30 años [heterosexuales y con pareja estable], no se trata de una disfunción primaria sino que secundaria, dado que anteriormente no presentaban problemas de deseo sexual. Por otro lado, tiende a ser más bien situacional que general; vale decir, la inhibición sexual se manifiesta casi exclusivamente ante la pareja estable [...]. Pese a ello, cabe aclarar que el hombre puede funcionar sexualmente y tener fantasías sexuales, buscar pornografía, masturbarse y desear a otras mujeres". No niego que la falta de deseo sexual pueda ser un trastorno complejo, que puede manifestarse en muchos grados y modos y en el que puedan incidir muchas causas. Por ahí afuera hay un buen número de terapeutas que se dedican a buscar esas causas en cosas como depresión, inmadurez emocional, aversión al compromiso, stress, constricción afectiva, etc. Lo sé porque yo he sido objeto de varios de esos diagnósticos, en ocasiones casi a bocajarro y con un desparpajo rayano en la frivolidad. Sin embargo, estoy convencido de que en una mayoría de casos, detrás de este DSI está un mecanismo bien simple y fácil de comprender. Dicho en pocas palabras: a) Nadie desea lo que no le resulta gratificante. b) Cada persona tiene sus propias preferencias sexuales y, como cada uno es un mundo, estas pueden ser diferentes entre una persona y otra. Si una de las personas es un hombre y la otra una mujer, es esperable que las diferencias puedan ser mucho mayores. c) Así pues, en una pareja estable es bastante probable que surja tensión por discrepancias en cuanto a preferencias sexuales. d) Si esta tensión se resuelve mediante cierto nivel de renuncia de una de las partes a sus preferencias individuales, es fácil que para esa persona el sexo con su pareja deje de ser gratificante. Ergo esa persona tiene muchas probabilidades de experimentar DSI. Apliquemos este esquema al matrimonio tradicional de hace tres o cuatro décadas y nos encontraremos directamente con el clásico y parece que nada sorprendente DSI de las esposas. ¿Por qué? Porque en ese matrimonio tradicional las preferencias sexuales del marido primaban claramente. Las de la mujer probablemente eran ignoradas por él e incluso hasta por ella. En esas condiciones era la esposa la que perdía interés por el sexo y el marido el que se quejaba de esa falta de interés. (¿Recuerdan el viejo chiste del matrimonio que está en el zoo viendo a los gorilas? El macho se fija en la mujer, se excita, rompe los barrotes de la jaula y se abalanza sobre ella. Cuando ella pide ayuda a su marido este responde: "dile que te duele la cabeza, dile que estás muy cansada, ...") La situación ha cambiado para bien. La relación entre los cónyuges es cada vez más equilibrada. Las mujeres conocen sus preferencias sexuales y quieren que se tengan en cuenta. ¿Qué pasa entonces?. Según el esquema que propongo nos encontraremos con lo siguiente: i. Atendidas sus preferencias, más mujeres encontrarán gratificante el sexo con sus parejas y, por tanto, mantendrán el interés por practicarlo. La incidencia del DSI en las esposas se reduce. ii. Viéndose en la necesidad de atender a las preferencias sexuales de su pareja, más hombres aceptarán cierto nivel de renuncia a las suyas. La probabilidad de que el sexo deje de ser gratificante para ellos es mayor. La incidencia del DSI en los maridos aumentará. iii. Siendo que más esposas están interesadas en el sexo, en los casos en que sus maridos manifiesten poco interés sexual, ellas se preocuparán, transmitirán esa preocupación a sus maridos y habrá más probabilidad de que ella, él o los dos consulten con un terapeuta. La incidencia conocida del DSI en los maridos aumentará. Este último punto es particularmente interesante: en una situación en la que el modelo de matrimonio evoluciona desde una situación machista a una situación de igualdad, los casos de DSI masculino conocidos aumentarían incluso aunque la incidencia real de la afección fuera la misma. Bueno, pues ahí lo tienen: no hacen falta grandes teorías para dar cuenta del tan sorprendente aumento del DSI en los maridos. Sin más que admitir que la armonía sexual duradera entre dos personas (incluso entre dos personas que se aman) no es algo fácil de conseguir, el mero hecho de que el modelo de relación hombre-mujer evolucione desde el machista tradicional hacia uno más igualitario basta para explicar un incremento del DSI en los hombres casados. Pero, ¿realmente tenemos que admitir que la armonía sexual duradera en la pareja es difícil de conseguir?. Pues aquí voy a insistir en que yo sólo soy un hombre de la calle: no manejo estadísticas ni estudios, así que no estoy en situación de sentar cátedra. Pero puedo contar lo que veo, lo que oigo, lo que leo por ahí y lo que experimento yo mismo. Y para mí la conclusión es abrumadoramente clara: pensar que la armonía sexual entre dos personas que se quieren es algo que surge y se conserva de forma espontánea es una tremenda ingenuidad. Hace algunos meses, en una sesión con una psicóloga supuestamente especializada en sexología, esta empleó casi todo el tiempo en repetirme insistentemente algo así como que la sexualidad es algo individual: nacemos sexuados y, por tanto, cada uno de nosotros tenemos nuestra propia sexualidad. Lo dijo tantas veces que pensé que era lo único interesante que tenía para decirme. Yo le doy toda la razón. De hecho, a mí me parece una auténtica perogrullada: sexualmente (como en casi cada aspecto de la personalidad) cada uno somos un mundo. Y como he dicho antes, si el uno es un hombre y la otra una mujer, esos dos mundos casi seguro que estarán todavía más alejados. No seré yo quien se ponga a generalizar sobre si todos los hombres somos así (digamos, de Marte) y todas las mujeres son asá (digamos, de Venus). Pero somos diferentes. Y en el sexo más. Se me ocurren por lo menos dos diferencias que pueden ser causa de desencuentro sexual entre marido y esposa. En primer lugar, las preferencias sexuales de los hombres, por lo general, están más orientadas al coito. En segundo lugar, las preferencias sexuales de los hombres, por lo general, están menos orientadas a la monogamia. Abundaré un poco en cada una de ellas. Empiezo por la primera. Todos reconocemos como sexuales prácticas distintas del coito en sí (aquel sonado renuncio de Bill Clinton cabe atribuirlo a la presión de las circunstancias). Pero casi nadie negará que el coito es la práctica sexual por antonomasia. En particular, para la mayoría de los hombres el coito (a) es la culminación natural de la aproximación sexual, (b) involucra activamente a ambos miembros de la pareja y (c) proporciona un orgasmo. ¿Para qué queremos más?. Veamos ahora cómo es esto mismo para las mujeres. Para muchas de ellas, el coito (a) supongo que sí, (b) sí y (c) ...¿qué pasa con mi orgasmo?. Que me corrijan ellas, pero por lo que yo sé, no es infrecuente que una mujer no sea capaz de alcanzar el orgasmo durante el coito (en esto también me apoya la terapeuta que he mencionado más arriba, que se tomó la molestia de explicármelo en la misma sesión en la que me informó de que todos nacemos sexuados, ¡bendita mujer!). Entonces tenemos la siguiente situación: un marido que se quedaría tan contento con unos buenos preliminares para excitarse mutuamente y una buena penetración con el consabido orgasmo se encuentra con que a su mujer eso no le basta. Ella también quiere un orgasmo (o varios) y, además, le gustaría que se lo proporcionara él (y no a base de una penetración más duradera, como figura muchas veces en el imaginario masculino tradicional). Para ella, el sexo es bastante más que el coito y sus preliminares. Probablemente para ella los preliminares no son tales, sino que tienen tanta importancia o más que el propio coito. En estas condiciones, el marido se encuentra en la tesitura de tener que ocuparse del orgasmo de su pareja. Tal vez esto no tendría por qué ser un problema, pero parece que en muchas ocasiones lo es. Alexander Lowen en su clásico Amor y Orgasmo: "Muchos hombres sienten que la necesidad de llevar a una mujer al clímax mediante la estimulación clitorial es una carga para ellos". La segunda diferencia a la que me he referido me parece aún más relevante. El frecuente mal acomodo sexual de los hombres a la monogamia duradera es, en palabras de Christopher Ryan "una verdad incómoda". Al menos, así titula provocadoramente un para mí acertado post en Psycology Today. Yo no voy a entrar en el debate de si esto responde o no a causas naturales. Simplemente constato el hecho de que muchos hombres en situación de monogamia duradera acaban por perder el interés sexual por sus parejas. ¿Las mujeres son diferentes? Seguro que habrá de todo, pero entre las personas con las que he hablado de este tema o que conozco lo suficiente, podría citar muchos casos de mujeres que, de forma natural, focalizan su deseo sexual en su pareja durante años y, en cambio, no podría citar un solo caso así de un hombre. ¿Qué pasa entonces con el sexo en una pareja estable formada por un mal monógamo y una buena monógama (o sea, lo que a mí me parece que pueden ser un hombre y una mujer bastante normales). Pues que con el tiempo, inevitablemente, se produce un desajuste en el interés por el sexo. Me refiero al sexo con el cónyuge, claro. Recordemos que el problema que sorprende a Alejandra Godoy es la falta de deseo sexual del hombre por la propia pareja, que por lo general no va acompañado de falta de interés por el sexo en general. (¿Recuerdan el viejo chiste del matrimonio que está en el zoo viendo a los gorilas? El macho está copulando fieramente con una hembra y al presenciar la escena la mujer se azora levemente. El cuidador de los gorilas la tranquiliza: "no se preocupe, lo hace 6 o 7 veces al día". Entonces ella, sorprendida, se vuelve a su marido y le dice con intención, "qué, ¿te das cuenta?". El marido, entonces, le pregunta al cuidador: "¿lo hace siempre con la misma hembra?" y este responde: "no, no, cada vez con una distinta". El marido se vuelve a su mujer y le dice con intención: "qué, ¿te das cuenta?") Este desequilibrio, que pasaría fácilmente desapercibido en un matrimonio tradicional, puede llegar a tener consecuencias muy visibles en una pareja igualitaria, sobre todo cuando los miembros de la pareja son suficientemente ingenuos como para no comprender qué es lo que pasa. En primer lugar, puede ser interpretado directamente como DSI del marido, aunque sólo sea en términos comparativos. En segundo lugar, es muy fácil que conduzca directamente a una espiral en la que la diferencia de deseo entre los dos se amplíe sin parar. La mujer pide el sexo que quiere y con la frecuencia que lo quiere, e incluso espera que los deseos de su marido se correspondan con sus demandas. Si intenta atenderlas, ese marido mal monógamo se encontrará practicando sexo que no quiere y con más frecuencia de la que quiere. Es decir: sexo no gratificante. Que además irá acompañado de frustración y desconcierto: "¿cómo puede no apetecerte hacer el amor con la mujer a la que amas?" pensará él, ella o los dos. Y, créanme, para superar esa frustración y ese desconcierto, en nada contribuye obviar las verdades incómodas. Psicologia Terapia Sexual | Relaciones de Pareja Relaciones de Pareja Sexualidad
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Apatía sexual
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 08/07/2009 a las 03:04 PM
En primer lugar quiero agradecer a Luis por publicar este excelente artículo sobre el DSI. Su aporte en tratar de esclarecer este complejo fenómeno es especialmente valioso dado que nos habla desde su propia experiencia y no desde una visión profesional. Me reí mucho con los chistes. Pero me llamó la atención que ambos tienen en común una condena al problema de deseo del otro, sea ese otro mujer u hombre. Como si el o la afectada tuviesen la culpa o como si dependiera de su voluntad revertir la situación. A propósito de la monogamia y de los matrimonios tradicionales quisiere hacer dos alcances. He tenido el privilegio de escuchar a varios hombres de más de 70 años que relatan haber llevado monogámicamente una relación por más de 40 años y que aun ahora hacen el amor con su esposa de una forma placentera para ambos. Pero además me quedé pensando que, si se hubiesen dado las interacciones entre ellos en el plano sexual tal como las supone Luis, esas mujeres de matrimonios tradicionales necesariamente tendrían que haberse pasado la vida insatisfechas sexualmente, lo cual no es para nada el caso, según las propias palabras de ellas. Por otro lado, de acuerdo con la hipótesis planteada en el artículo, parecería no haber solución posible para la problemática de las diferencia entre los géneros, ya que el hombre y la mujer tendrían un funcionamiento sexual incompatible. Considerando la sabiduría de la naturaleza, no creo que haya cometido una falencia tan serie en un área tan importante como la sexual. El razonamiento de Luis es de una lógica impecable. Concuerdo plenamente en que la relación de mayor igualdad entre los géneros tiene que estar jugando un rol muy relevante. No obstante, los porfiados hechos parecen apuntar en otras direcciones. Acá les dejo algunas de las situaciones que se dan en la mayoría de los casos que consultan por DSI, tanto en mi consulta como a través de mails desde otros países: La disfunción se produce al poco tiempo de la relación, incluso cuando llevan solo algunos meses como pareja. No es propio de parejas que están juntas desde hace años. La pérdida del deseo sexual puede producirse en forma muy brusca, en pocas semanas o incluso en pocos días. No hay una disminución paulatina de las relaciones sexuales, sino que de una práctica muy intensa, abruptamente dejaban de hacerlo por varios meses e incluso años. El momento en que aparece la disfunción se relaciona con la decisión de irse a vivir juntos o de casarse; o bien al muy poco tiempo de la convivencia, casados o no. Algunos hombres rechazan casi fóbicamente incluso que ellas los toquen. Estos casos se acercan más a una aversión sexual. Espero que participen otras personas aportando sus observaciones o experiencias.
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Leo conceptos como inhibición, mono ...
Enviado por Carlos Duarte
el 08/07/2009 a las 05:02 PM
Leo conceptos como inhibición, mono y poligamia, y chistes que banalizan la situación, pérdida del deseo, etc. Y recuerdo mis anos mozos en Chile, en que el sexo era el gran tabú y las paredes estaban plagadas de "pico" y otras lindeces.Y me asalta la siguiente pregunta: existen estudios comparativos del comportamiento sexual entre sociedades como las de Chile y los paises atlánticos? Porque yo vivo en una de ellas y realmente el sexo ni el deseo no son un problema tan general. Por lo menos no lo detecto así. Que exista, puede existir, pero que llegue a ser preocupación? No lo es. No será que a los chilenos les hace falta un Carnaval con todas las desinhibiciones que existen en los Carnavales de este lado del continente? Con una semana de desenfreno nos basta para quedar tranquilitos el ano entero. Un abrazo enanita. 0
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Desgraciadamente Sensei
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 08/07/2009 a las 05:34 PM
Hasta donde tengo entendido, desgraciadamente no existen estudios comparativos sobre este tema (y sobre otros tampoco). Pero más desgraciadamente aun, dado que he publicado sobre este tema en una revista internacional de psicología que permite contactarse con los autores de los artículos, me han llegado muchos mails con consultas. Entre ellos un número significativo proviene de los países que tu mencionas (incluso del pleno Caribe). Muchos otros vienen de Europa. 0
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Importancia del sexo
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 08/07/2009 a las 05:26 PM
Gracias por el tiempo que le dedicastes al tema. Tienes toda la razón Julio, el que Luis sea de España hace una diferencia cultural importante.
Me gustó mucho esta frase (tanto por su contenido como por su poética redacción): Se someten a una dilatación de toma de decisiones a la espera de disolución y no de resolución, como una forma más efectiva y menos traumática.
Concuerdo contigo en que el rol que juega la vida sexual en el amor y en la convivencia en pareja es fundamental. Creo que es muy atinado tu comentario de recalcar la necesidad del amor comunicacional para poder ir resolviendo esta disfunción. A veces observo un nefasto pudor mal entendido en las parejas afectadas.
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Gracias Ale
Enviado por Luis
el 08/07/2009 a las 05:30 PM
Gracias, Ale, por tus comentarios. Sólo quería aclarar una cosa: en absoluto creo que hombres y mujeres seamos incompatibles. ¡Claro que hay parejas que llevan 50 años juntos teniendo sexo placentero para ambos!¡Ni todos los maridos del S. XXI padecen DSI ni todas las esposas del S. XX estaban insatisfechas!. Lo que intento decir es que, dentro de la enorme variabilidad entre personas, existen causas para el desencuentro y algunas pueden identificarse más fácilmente si atendemos a ciertas características que frecuentan más un género que el otro (o al menos eso creo). Y que para no caer en esos desencuentros, por lo general, hace falta un buen nivel de comunicación, de comprensión y de aceptación del otro que no siempre se da. De todos modos, en mi artículo me refería a una apatía sexual o falta de interés tal vez más leve que los casos que refieres tú. A lo mejor los “maridos con DSI” de mi artículo no tienen propiamente DSI (estas cosas pasan cuando se es simplemente un hombre de la calle y se mete uno en asuntos intrincados como este). 0
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Tipo de parejas afectadas
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 11/07/2009 a las 01:11 PM
Luis, nuevamente te agradezco tu interés. Concuerdo contigo en que la base para poder resolver los problemas de pareja son la confianza, comprensión, aceptación y una adecuada comunicación (lo cual no significa que no hayan discusiones entre ellos). Pero si tomaba en forma literal tus palabras parecería que no habría manera de conciliar las diferencias en el funcionamiento y apetencias sexuales entre los géneros. Lo cual me llevó a reflexionar en las relaciones homosexuales, donde supuestamente a ambos miembros de la pareja les agradan en general las mismas prácticas. Lo que nos dicen las investigaciones y lo que me ha tocado observar en la consulta como especialista en el tema, es que una de las primeras áreas que se pueden afectar en las parejas homosexuales y de lesbianas es justamente la sexual. Por otro lado, posiblemente tu te estabas refiriendo a casos más morigerados de DSI en hombres. Siguen llegando varones a la consulta debido a esta problemática. Relacionado con ello, hay otro punto que mencionas y que me gustaría rescatar. Evidentemente no todos los hombres sufren de DSI ni todas las mujeres estaban antes insatisfechas. Las tendencias que se repiten en estos pacientes son el momento en que se inician los síntomas, la personalidad de ellos y la personalidad de sus parejas mujeres, las creencias de ambos hacia el machismo y el tipo de interacción que llevaban los padres como pareja, la presencia de fuertes emociones de miedo consciente y de rabia latente, intensos sentimientos de amor y la manera como discuten entre ellos. Espero que podamos continuar reflexionando juntos sobre las variables presentes en esta disfunción sexual.
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La lectura pesimista
Enviado por Luis
el 11/07/2009 a las 02:49 PM
Al leer tus comentarios tengo la sensación de que no he hecho un buen trabajo en la redacción de mi artículo, puesto que, al parecer, tomado al pie de la letra “parecería que no habría manera de conciliar las diferencias en el funcionamiento y apetencias sexuales entre los géneros”, y, como ya he dicho en otro comentario, no es eso lo que pienso. A esta interpretación de mi artículo, la llamaré “la lectura pesimista”, que se podría resumir así: como existen diferencias, inevitablemente surgirán problemas irresolubles. Mi intención es, por el contrario, optimista: la conciliación se puede conseguir (muchas parejas lo hacen), pero a veces se pierde (de lo contrario, ni tú ni yo habríamos publicado artículos sobre DSI) y, en tal caso, para recuperarla, conviene atinar con las causas. Mi tesis es que para ello es imprescindible conocer y reconocer las diferencias entre preferencias sexuales de uno y otro, que existen, que en muchos casos están correlacionadas con el género y que, a mi entender, juegan un papel central en el origen de este tipo de problemas. Y sí, el problema es complejo y multidimensional, pero por lo que yo he visto, tengo la impresión de que una de las dimensiones, la de las muy probables diferencias en cuanto a preferencias y expectativas en relación con el sexo, es muchas veces obviada o menospreciada por terapeutas profesionales. Tengo la impresión de que la lectura pesimista puede ser debida a que mi artículo se centra en las causas, no en las soluciones. Yo no puedo tratar de las soluciones, para eso estáis los profesionales. En cambio, he querido poner de relieve lo que, por mi experiencia, parece que puede ser una carencia relativamente frecuente en la identificación de las causas. Por cierto, creo que es aventurado por tu parte afirmar que en las relaciones homosexuales “a ambos miembros de la pareja les agradan en general las mismas prácticas”. Me alegro mucho de reflexionar contigo sobre estos asuntos, así que por mi parte, feliz de continuar conversando en este medio. 0
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Postura optimista
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 11/07/2009 a las 06:56 PM
Por lo visto esta ha sido una sopa de malos entendidos querido Luis J (raro o quizás justamente no tan raro, siendo que tenemos el mismo tipo de personalidad en el Eneagrama). Disculpa si no fui lo suficientemente precisa, pero lo que quería recalcar era el “parecería”. Me queda muy claro que tu no pretendías afirmar que los funcionamientos sexuales entre los géneros fuesen realmente incompatibles y menos que no hubiese una solución para que ambos funcionaran satisfactoriamente. Es por ello que en las dos ocasiones utilicé el condicional y mi intención era solamente que quienes nos leen no entendieran equívocamente tus palabras. Ahora solo aspiro a que se comprendan bien las mías. No me cabe duda que tu postura es optimista y que aportas alumbrando algunos posibles aspectos causales. Esta problemática es tan nueva y tan compleja que los profesionales estamos aun en pañales, tanto en la etiología como en el tratamiento más indicativo. Humildemente tenemos que reconocer que no sabemos bien qué es lo que está ocurriendo, de ahí que haya solicitado la ayuda de otras miradas. Dentro de ellas, las preferencias distintas puede ser una variable a considerar; aunque creo que solamente jugaría un rol en aquellos casos en que se va produciendo una muy paulatina disminución del deseo y de la frecuencia sexual. Por el contrario, las personas que consultan sufren de una brusca inhibición del deseo y una especie de aversión a tener coito con la misma pareja con la que semanas antes practicaban intensamente una vida sexual muy satisfactoria. El momento de la inhibición parece asociarse a la postura de argollas, al irse a vivir juntos, al casarse por el civil y/o después del matrimonio religioso. Respecto a mi comentario acerca de las relaciones homosexuales, me basé en estudios sobre el tema y en las respuestas que me han dado los pacientes – desde su subjetividad - durante décadas. Luis, es tan poco lo que podemos sostener con un grado alto de certeza que casi todo en la psicología es discutible y los que han defendido las posturas más categóricas han debido retractarse a la luz de nuevas evidencias. Así que trato de cuidar la forma en que expreso mis “hipótesis”, intentando recalcar que son solamente tendencias observadas. Espero que haya quedado todo aclarado y te vuelvo a agradecer tus aportes. Ojalá que otros también opinaran.
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Gracias, Ale.
Enviado por Luis
el 14/07/2009 a las 04:26 PM
Gracias, Ale. Demos por cerrados los malos entendidos. No sé qué influencia ha podido tener en ellos que seamos del mismo eneatipo, pero sí creo que puede haber tenido su parte el hecho de que cada uno hacemos hincapié en un tipo de problema distinto (o, tal vez, en dos manifestaciones diferentes de un mismo problema de fondo). Los casos a que tú te refieres son más agudos y tempranos que los que yo he podido conocer en mi experiencia de ciudadano de a pie y seguramente no encajan bien en la interpretación que yo propongo. Con todo, creo que sí parece que estamos de acuerdo en que hay cierta correlación entre este tipo de problemas y el cambio reciente hacia una mayor igualdad en la relación entre esposos. Creo que esto nos tiene que dar pistas. Yo voy a seguir aventurando hipótesis, sin dejar de insistir en que no son más que eso y en que en este caso ni siquiera tienen el soporte de mi insignificante experiencia. La formalización de una relación (matrimonio, irse a vivir juntos) representa un aumento explícito del nivel de compromiso. Y aquí siempre hay un componente de renuncia: la renuncia a la promiscuidad (o a su mera oportunidad, aprovechada o no en la etapa anterior de la relación), una renuncia que puede ser asumida voluntariamente o tal vez simplemente impuesta por las nuevas circunstancias. Esta renuncia podrá pesar más o menos para unos y otros hombres (puede incluso no pesar nada, y también puede pesarle a las mujeres, no se me interprete mal). Pero en cualquier caso, si la pareja se relaciona en términos de igualdad y si la esposa manifiesta un buen grado de interés por el sexo, la renuncia no irá acompañada de una rebaja del nivel de exigencia percibido por el marido. Por otra parte, creo que en algunos hombres no hacen falta años para que se reduzca significativamente el interés sexual por su pareja estable y tal vez una situación de compromiso explícito pueda incluso acelerar el proceso. No me resulta difícil imaginar a un marido joven, recientemente casado, que se da cuenta (quizás con sorpresa) de que las oportunidades de sexo que tiene y va a tener por mucho tiempo no son las que le interesan, y que percibe además que no tiene la opción de resignarse a una vida sexual “de baja intensidad” porque su pareja aspira a lo contrario (y considera que es eso lo que se espera de una pareja que se quiere). Añadamos otro ingrediente: para la mayoría de los hombres, no sentirse a la altura en materia sexual puede tener un efecto demoledor en la autoestima. El nivel de exigencia que percibe ese marido resulta entonces mucho más abrumador. ¿No acabará por aparecer pronto un DSI agudo, incluso una aversión al sexo? Bueno, pues ya está: ahí lanzo la hipótesis. Tienes razón en que lo mejor sería que más gente opinara y enriqueciera el debate, y gente de otros eneatipos para que haya más variedad J. Ya para acabar: te agradezco profundamente estas palabras: “Humildemente tenemos que reconocer que no sabemos bien qué es lo que está ocurriendo, de ahí que haya solicitado la ayuda de otras miradas”. Yo he tenido ocasión de comprobar que, por desgracia, esta humildad no se encuentra en todos tus colegas. Y creo que sin ella no va a ser nada fácil aliviar problemas como este en quienes los padecen. 0
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Miedos latentes
Enviado por Alejandra Godoy Haeberle
el 15/07/2009 a las 08:12 PM
De acuerdo Luis en que nuestro foco de atención estaba puesto en dos fenómenos disímiles que, no estoy segura si forman realmente parte de una misma problemática, aunque no me cabe duda que ambos sí están relacionados con los cambios en las posturas machistas. Por ejemplo, antes el término “exigencia” era asociado a las demandas sexuales del varón. Al igual que tú también creo que el aumento del nivel de compromiso está jugando un importante rol. Pero me inclino a pensar que más bien afecta en el miedo a la intimidad emocional dentro de una relación de pareja con mayor compromiso (estabilidad). He observado que los hombres afectados por este problema presentan dificultades para evidenciarle a su mujer sus debilidades (“secretas”) y, sobre todo, para expresar la rabia en forma directa y asertiva. Ahí puede caber lo que señalas respecto a la herida narcisista que puede sufrir un varón - con un oculto machismo de trasfondo - si no se siente a la altura de lo que él considera apropiado en su desempeño sexual. Y, sí, estimo que la humildad es imprescindible en un terapeuta, sea cual sea el problema que se esté tratando. Por si te interesa, tiempo atrás escribí un artículo sobre los factores del éxito terapéutico, el que puedes encontrar en este mismo blog. Nuevamente te agradezco tus interesantes hipótesis y la oportunidad que nos has dado a todos de debatir sobre este tema. Saludos a España Ale
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Gracias Julio
Enviado por Luis
el 08/07/2009 a las 05:38 PM
Gracias, Julio, por el calificativo de "excelente", que me tomo como un cumplido. Me alegro de que te gustara el artículo. 0
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Julio: un comentario sobre tu comentario
Enviado por Luis
el 09/07/2009 a las 06:08 PM
Hola otra vez, Julio. Ahora con más tiempo quiero referirme a algo que dices en tu comentario y que no quiero dejar pasar sin comentar yo mismo. Dices no compartir la siguiente frase de mi articulo: “no es infrecuente que una mujer no sea capaz de alcanzar el orgasmo durante el coito”. La negrita es tuya y creo que muy acertada: capacidad no es seguramente el concepto adecuado aquí. Sin embargo propones una redacción alternativa que debo decir que yo tampoco comparto: “el hombre normalmente no es capaz de conseguir un orgasmo para su pareja estable”. Expresado de ese modo, el orgasmo de la mujer resulta ser un logro del hombre en el que ella sólo participa como sujeto pasivo. Yo creo que no es así en absoluto (y menos aún en los tiempos que corren): la mujer “moderna” y consciente de su sexualidad procura su orgasmo, no espera a que se lo concedan: toma iniciativas, busca, aprende. Yo conozco mujeres que han pasado de no lograr orgasmos durante el coito a tenerlos con toda facilidad con los mismos hombres con los que antes no lo conseguían. Es decir, el orgasmo de la mujer depende esencialmente de ella. ¿Podría ser de otra manera?. Otra cosa es que por su naturaleza, tenga más o menos facilidad para conseguirlo de una forma u otra, o que lo prefiera de una forma u otra. Y que en su búsqueda deba procurarse la colaboración de su pareja en mayor o menor medida. Y aquí es donde se necesita un buen nivel de comunicación, de confianza, de generosidad por ambas partes, de asunción de la propia responsabilidad, etc., circunstancias que no siempre se dan y que puede ser causa de problemas. De todos modos, lo mejor sería que hablaran ellas, ¿no crees? 0
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Ok. Luis por razonamiento y saber , no podré estar de acuerdo en todo
Enviado por JULIO FUENTES CHAVARRIGA
el 15/07/2009 a las 10:17 PM
Si estoy de acuerdo en muchas cosas de las que describes. Con respecto a la capacidad me refiero a la capacidad masculina natutal y concreta y no de la capacidad de la mujer que a falta de capacidad del hombre ella se procure con algúna dificultad o no un orgasmo. Tu me citas y concluyes que con mi redacción se consigue lo siguiente "Expresado de ese modo, el orgasmo de la mujer resulta ser un logro del hombre en el que ella sólo participa como sujeto pasivo". Tu haz colocado esa idea de sujeto pasivo, yo sólo digo que en el caso en comento se produce esta situación de que el hombre no es capaz de conseguir un orgasmo para su mujer. Es cosa de preguntarle a las parejas que viven una situaciópn como la en estudio. Ellas dirán le faltó tiempo , se fue antes, está muy viejo , es muy guatón , le dio sueño, no me quiere , no me excita, no me ama, no me calienta o no me atrae.. En todas ellas les cargan la culpa al Marido con DSI. Lo que se resume en falta de capacidad de él, falta de ánimo. falta de potencia, falta de deseos, falta de interés, falta de responsabilidad, falta de atención ( no da energías) falta de intención ( no genera energía). Si la mujer deja de ser un sujeto pasivo , es mejor que sea activo y logre una masturbación. Pero mi redacción en la oportunidad apunta a que él hombre debe ser el que está capacitado o no a conseguir que su mujer consiga el placer con él y no con otro o con herramientas alternativas.. Yo parto de la situación que se está debatiendo "Maridos con DSI". cualquier otra situación está fuera del marco referido. Estoy plenamente de acuerdo en las otras fortalezas de algunas mujeres , pero el caso en discusión es el de MARIDOS CON DSI. Si existe esa posibilidad de que las mujeres emparejadas pueden procurarse orgasmos, de inmediato emerge la capacidad y se sobreponen a la capacidad natural del hombre - creo yo.-. Con respecto a que el orgasmo " Es decir, el orgasmo de la mujer depende esencialmente de ella." según tu , creo que en una pareja bien afiatada no. Aquí el orgasmo en pareja depende de ambos, y especialmente de él.. De lo contrario la mujer mejor se masturba...La situación se complica cuando ella dice ponlo ahora ahora Julio , aquí Julio debe tener capacidad para poner lo que ella desea, en esa oportunidad... a esa capacidad me refiero.. afectuosamente Julio http://inteligenciaholistica.bligoo.com http://futurologia.bligoo.com 0
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Ofrecemos una atención exclusiva y altamente especializada en cada motivo de consulta. Cada profesional atiende sólo un limitado número de pacientes para garantizar máxima dedicación. Estamos en continua reflexión con reuniones clínicas, teóricas, de supervisión y formación. Nuestros terapeutas están acreditados en: psicodiagnóstico, adolescencia, terapia individual, terapia de pareja, sexología, psiquiatría y coach ontológico.
La primera sesión es realizada siempre por uno de los Co-Directores (Alejandra y Antonio Godoy), quien deriva al paciente al especialista correspondiente.
En todos los pacientes se evalúa su personalidad, temperamento, creencias y relación de pareja. Reciben material informativo atingente y además contamos con nuestro blog, donde se publican artículos con los últimos avances en distintos temas.
Los invitamos a participar en la reflexión de CEPPAS.
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Excelente artículo de Luis, me gustó
Encuentro acertadísimo el artículo de Luis. Lo más importante que Luis es de España y su escrito trae consigo una apertura sexual y mental con casi 50 años de prácticas y experiencias. Lo anterior es una verdadera escuela que los más cartuchos deben aprender a operar. Especialmente los hombres chilenos, ya que las mujeres en ninguna parte del mundo parecieran ser para nada inhibidas, (al menos yo no conozco). Una mujer en la cama u otro lugar y totalmente excitada no tendrá problemas para realizar, experimentar y crear las mas variadas poses y manifestaciones de gozo, muestras de placer o intentar buscar por medio de cualquier acto el orgasmos esquivo. Al respecto una mujer con saber hacer (conocedora de la existencia del orgasmo y de las variadas formas que ella lo consigue), sólo necesita la oportunidad.
Por otra parte un hombre dotado de una estructura orgánica normal, con la capacidad para mantener a una mujer a su lado. Ojo que estamos hablando en este artículo de grupos de parejas estables heterosexuales. En este caso el macho tendrá que saber mantener su posición si verdaderamente la unión de parejas que lleva es realmente la tradicional, o es con algunas variantes, pero que sin lugar a dudas él es el macho. De lo contrario el análisis siguiente no tendrá validez.
Debemos reconocer que si ambos han decidido o resuelto vivir en calidad de parejas estables, es por que han previsto hacerlo de acuerdo a unas preferencias sexuales ya conocidas y que podrían ir en progreso, (tanto ella y él deben ser de mente abierta, de lo contrario – mejor no unirse), ya que el acceso al conocimiento hoy es libre y si uno se queda atrás, mientras el otro busca y prueba, le resultará complicado hacer que el otro acepte y participe, sin complejos u obstáculos de cualquier índole, al menos por ahora.
Si él cuando conoció a su pareja femenina experimentó un deseo y atracción natural, (¡ojala! mutuo), sea por la belleza de ella, su sensibilidad, su imagen y cuerpo, su elegancia, y otras fortalezas y dotes (cuando hablo de dotes me refiero a factores que hoy han cambiado, antes ella y su familia buscaba los dotes del varón), hoy el varón busca dotes personales de ella.
Bueno si hubo deseo, hubo atracción en la oportunidad inicial, observemos si fue real, o forzada. Si fue forzada el deseo durará hasta que se cumpla el deseo. Una vez satisfecho este se desvanecerá, las cosas se irán cuesta arriba, más si la atracción inicial fue forzada.
Lo anterior según mi experiencia se da mucho, más cuando uno de los dos es el que alimenta a todo evento esta relación. Forzando con acciones afectivas y comprometedoras los lazos de amor falsos o lazos de amistad. Muchas mujeres he visto que están por hacer cualquier cosa por mantener esta relación, ya sea por mantener un padre cerca de sus hijos – cuando hay- o simplemente recurriendo a esta causa, porque no son capaces de tomar una decisión, ya que ellas no se han visto en un escenario futuro sin su pareja masculina, desde una mirada económica y protectora.
Si no son capaces de amarse realmente, de la misma manera no podrán llevar una vida sexual sincera y satisfactoria. Como tampoco son capaces de sincerarse en el proyecto de vida futuro, menos son capaces de hacerlo en lo sexual. Para lo cual se someten a una dilatación de toma de decisiones a la espera de disolución y no de resolución, como una forma más efectiva y menos traumática.
Me he referido a la contención con respecto al amor, por ser la causa de unión común, si no hay amor real y además no hay sexo, creo que ya la situación es inmejorable. Mi pregunta es ¿que hace una pareja en esas circunstancias?. ¿Cual es su norte?. ¿Volver a enamorarse?.. - Extraño - recuerdo cuando comúnmente algunas mujeres me preguntan ¿me conviene seguir con Carlos?, ¿me conviene pololear con Luis? ¿Me conviene ese hombre?.Tengo muy pocas preguntas realizadas por hombres que hablen de conveniencia ¿me conviene seguir con luisa?, la mayoría son ¿ya no me quiere, parece?, ¿Me querrá aun?, ¿me perdonará el cagazo?, ¿esta no me la perdona?, ¿ que debo hacer para que me perdone?. Como podemos ver existe una diferencia en los objetivos estratégicos o a largo plazo, entre ambos cónyuges o parejas.
-A esta pregunta - ¿que hace un pareja bajo estas situaciones y a estas edades?, que no reconoce la falta de amor y por añadidura la pasión. Yo presumo que una pareja desde esa posición ya está condenada al fracaso y que vivirá cualquier situación ajena a lo tradicional, a la espera de disolver ese nudo que se le hizo por no haber sido claro en aprender hacer nudos y ataduras, de los que se puedan desatar sin mayores complicaciones. Y una de las complicaciones que mayor se ven ahora son el DSI. Disculpen mis lectores pero mi opinión es que Si no hay sexo no hay amor – me refiero al amor con contenido sexual- ese que hace que nos reproduzcamos y que nos mantengamos activos con potencia vital, no estoy hablando de amor de padres a hijo, amor fraternal, amor de amigos. No, estoy refiriéndome a ese amor por el cual la mayoría de las parejas heterosexuales contraer compromisos de vivir en parejas
Tal como lo digo al principio de mi opinión, comparto plenamente en el fondo del artículo de Luis, pero debo agregar que hay una frase que no comparto, la cito a continuación “no es infrecuente que una mujer no sea capaz de alcanzar el orgasmo durante el coito”. Al respecto si ella no logra un orgasmo en el mismo tiempo que su macho, no es por falta de capacidad, es por su naturaleza. La mujer necesita más tiempo para conseguir un orgasmo. Por lo que yo escribiría, “ el hombre normalmente no es capaz de conseguir un orgasmo para su pareja estable “. Lo anterior porque he visto que esa misma mujer con otro hombre o con una mujer ha conseguido dos orgasmos en el mismo tiempo y sin mayor esfuerzo
El amor , para terminar lo estudiaremos de acuerdo a La moral para el Siglo XXI de Jonh Baines. Es inevitable que ocurra con frecuencia que dos personas crean amarse y no sea así, pero es ilícito contraer matrimonio por mera conveniencia, para utilizar a la otra parte como una herramienta de satisfacción personal.
Se observan motivaciones para el matrimonio por lo general que no se basan en la unión por genuino amor, por lo que constituyen fuentes de infracción a la ley cósmica.
Es inmoral casarse o unirse en pareja estable, sin amor y no es un atenuante el no lograr percatarse de esto en forma conciente, ya que siempre existe un factor de “ intencionalidad inconciente”, que planifica estos hechos en forma tal como para conseguir algo que es deseable pero no perfectamente ético, de manera tal como para no asumir la culpa correspondiente.
Una pareja podrá casarse legal y religiosamente, pero si no existe entre ambas partes un verdadero amor, jamás constituirá matrimonio o unión genuina ante la ley universal de la naturaleza. Y con respecto a la naturaleza debemos ser cuidadosos.
Dejaré hasta aquí mi opinión para luego desarrollar los efectos actuales que se evidencian, cuando se cumple o no los deberes de las leyes sociales, jurídicas y de la naturaleza, siendo esta última la más importante y la más severa en el ciclo evolutivo del homo sapiens. Más aún cuando nos vemos invadidos por tentaciones y sustitutos artificios e imágenes sensuales que afectan las mente alterando y borrando sectores donde teníamos almacenados contenidos éticos, morales , los cuales han sido sacados y desvalorizados, para poner allí otros tipos de mayor atractivo e importancia.
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